Los mitos sobre alimentos que te has creído hasta ahora

La alimentación, pese a ser algo fundamental y que lleva con nosotros desde el principio de la vida en la Tierra, se vuelve un asunto desconocido para la mayoría.

Por culpa del boca a boca, las redes sociales, los estudios erróneos o sin contrastar… existe una buena cantidad de mitos relacionados con la comida y la nutrición. En la muchos casos, se ha convertido en algo que ha calado tan hondo en nosotros, que incluso modificamos nuestros hábitos alimentarios.

En JB Food opamos y predicamos una alimentación sana y responsable, basada en alimentos frescos y de calidad. Por eso mismo, hemos creído importante dar a conocer algunos mitos de los alimentos.

Los mitos de los alimentos más comunes y por qué son mentira

1. El pan engorda

Mucho se ha escrito sobre si el pan engorda o no. Tradicionalmente, el pan ha sido sustento de las personas que siguen la dieta mediterránea, considerada como la más saludable del mundo.

Sí es cierto que los panes industriales (de molde o aquellos de fermentación rápida) sí tienen un elevado contenido calórico y en monosacáridos.

Por el contrario, aquellos panes de fermentación lenta, producidos de manera artesanal y con alto contenido en fibra son un gran complemento para dar al cuerpo energía sin «engordar», debido a la cantidad de hidratos de carbono de absorción lenta.

Otro mito relacionado con el pan es que la miga engorda más que la corteza, cuando en realidad es al contrario. ¿La prueba? No tienes más que coger un trozo de miga y aplastarla. Verás cómo se reduce su volumen, ya que buena parte de la miga está agujereada y solo contiene aire.

2. El aceite de oliva tiene menos calorías que el resto

Todos los aceites, provengan del vegetal que provengan, son 100% lípidos. O lo que es lo mismo: en su totalidad, estos están compuestos por grasa.

Es decir, que 1 litro de aceite de oliva, tiene 1 kilo de grasa, al igual que 1 litro de aceite de girasol. Y, por supuesto, también pasa lo mismo con el temido aceite de palma.

¿Entonces son iguales todos los aceites? Por supuesto que no. La medida que hemos tomado es cuantitativa, es decir, por el número de calorías que aporta al organismo.

Sin embargo, sí es cierto que el aceite de oliva, en su composición, tiene una serie de ácidos grasos mucho más beneficiosos que otros. Es decir, un consumo moderado de aceite de oliva es beneficioso para el organismo, y más teniendo en cuenta que es un alimento que no usamos en grandes cantidades.

3. Tomar agua adelgaza

Beber agua ni adelgaza ni engorda.

El aporte calórico del agua es nulo, cero. ¡Es agua!

En lo que sí puede afectar su consumo es en la sensación de hambre o de hinchazón. Al tomar mucho agua, nuestro cerebro entiende que el estómago está lleno, por lo que incrementa nuestra sensación de saciedad. Es decir, comer con agua hace que nos sintamos llenos antes. Por el contrario, si lo hacemos sin ella, comeremos más, lo que sí nos hará engordar.

Por otro lado, beber mucho puede hacer que nos sintamos hinchados (que no con más peso). Pese a esto, es una sensación que se va en cuanto vayamos al baño.

Otro mito sobre el agua bastante extendido es el uso de marcas ligeras. Partimos de la base de que ningún agua engorda. Entonces, ¿por qué hay unas llamadas así?

Hay que entender que el agua que bebemos no es solo H2O. También incluye minerales y algún que otro microorganismo. En el caos de las aguas ligeras, estaríamos hablando de aquellas con bajo contenido en minerales, que son ideales para bebés o personas con problemas reales.

En resumidas cuentas: ningún agua engorda.

4. Cenar fruta es malo

Sí es cierto que cenar muy fuerte puede provocar insomnio y dolor de estómago. ¿Y a qué viene lo de cenar fruta?

El «fundamento» reside en que la fruta contiene azúcares, los cuales no se queman cuando nos vamos a dormir. Es cierto que el azúcar acaba por convertirse en grasa si no se «gasta».

Sin embargo, en el caso de la fruta, estos azúcares están en forma de polisacáridos, moléculas complejas que nuestro cuerpo tarda más en asimilar. Es decir, que puede ser que el aporte calórico de la fruta en cuestión sea negativo, que estemos gastando más energía en digerirla que lo que ganamos al consumirla.

También hay que recordar que la mayoría de frutas tienen un elevadísimo porcentaje de agua, la cual, como hemos visto antes, no engorda.

Por tanto, cenar fruta no es ya una opción viable, sino recomendable en nuestro día a día.

5. Hay alimentos perjudiciales para la salud

En su base, no existe ningún alimento en el mundo que sea malo de por sí. Cualquier cosa que compres en el mercado, tras pasar por su proceso de preparación, aportará una cosa a tu organismo.

Eso sí, al igual que una dieta exclusiva de fruta y verdura nos dará déficit en proteína, un excesivo consumo de carne nos podría provocar un eventual problema cardiovascular. La clave está en el equilibrio en las comidas, optando por una dieta completa y saludable.

Aunque de base no haya ingredientes malos para la salud, sí existen platos ultraprocesados que a la larga pueden provocar problemas renales, cardiovasculares o en el sistema motor del organismo. Por eso mismo, hay que andarse con mucho ojo respecto a este tipo de comida y su abuso.

En JB Food somos fieles defensores de la alimentación completa, saludable y basada en productos de calidad. Por eso mismo, nuestros platos refrigerados gourmet son la idea perfecta para llevar una dieta equilibrada y completa.

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